FIN 32

32
Traducido por: Virtxu
Corregido por: Xhessii
is manos están en el suelo, mi cuerpo está cansado, pero no voy a dejar
que este trabajo se lleve lejos mis pensamientos. Porque eso es lo que
los Oficiales de aquí quieren: que los trabajadores trabajen para que no
piensen.
«No te adentres dócilmente».
Así que lucho. Lucho de la única manera que sé, con el pensamiento de Ky, a
pesar de que el dolor de perderle es tan fuerte que apenas puedo soportarlo.
Pongo las semillas en la tierra y las cubro con tierra. ¿Van a crecer hacia el sol?
¿Podrá algo ir mal para que no salgan, para que nunca se conviertan en nada,
para que sólo estén aquí pudriéndose en el suelo? Pienso en él, pienso en él,
pienso en él.
Pienso en mi familia. En Bram. En mis padres. He aprendido algo sobre el amor
a través de todo esto: sobre el amor que tengo por Ky y el amor que tengo por
Xander y el amor de mis padres y el que Bram y yo tenemos el uno para el otro.
Cuando llegamos a nuestra nueva casa, mis padres pidieron que se me enviara
a un detallado trabajo de tres meses porque mostraba signos de rebelión. Los
Oficiales de nuestra nueva aldea comprobaron mis datos, esto se correlacionó
con la declaración de mis padres. Mi padre mencionó el particular trabajo
detallado que tenía en mente: agricultura dura, la plantación de un cultivo de
invierno experimental en la Provincia Occidental a través del cual pasa el río
Sisyphus. Él, Xander y mi madre me mantienen actualizada sobre todo lo que
aprenden acerca de dónde podría estar Ky. Estoy más cerca de él aquí, lo siento.
Pienso en Xander. Podríamos haber sido felices, lo sé, y es quizás lo más difícil
de saber. Podría haber sostenido su mano, cálida y fuerte, y podría haber tenido
lo que mis padres tienen, y hubiera sido hermoso. Hubiera sido hermoso.
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Nosotros no llevamos cadenas. No tenemos a dónde ir. Nos desgastan con el
trabajo, no nos golpean o nos hieren. Simplemente quieren hacer que nos
cansemos.
Y estoy cansada.
Cuando creo que podría renunciar después de todo, recuerdo la última parte de
la historia que me dio Ky, la parte que finalmente leí antes de salir de nuestra
casa por última vez:
Cassia, escribió en la parte superior de la página, con letras que eran altas y
claras y sin miedo, que se enroscaban y se movían y que convirtieron mi
nombre en algo hermoso, algo más que una palabra. Una declaración, un trozo
de una canción, un poco de arte, enmarcada por sus manos.
Sólo había un Ky dibujado en la servilleta. Sonriendo. Una sonrisa en la que
pude ver a los dos, el que había sido y en él que se había convertido. Tenía las
manos vacías otra vez, y abiertas, y un poco alzadas. Hacia mí.
Cassia:
Sé que la vida ahora es la de verdad, sin importar lo que pase. Es la
única en la que estás tú.
Por alguna razón, sabiendo que incluso una persona conoce mi historia
hace las cosas diferentes. Tal vez es como dice el poema. Tal vez ésta es mi
manera de no adentrarme dócilmente.
Te quiero.
Tuve que quemar esta parte de su historia, también, pero tengo el calor del «te
quiero» cerca, como el rojo, como un nuevo comienzo.
Sin conocer las piezas de la historia de Ky y las palabras de mis poemas, podría
haberme dado por vencida. Pero pienso en mis palabras y en la tableta de
comprimidos y en la brújula escondida y en mi familia y Xander, que me envían
mensajes por la pantalla del puerto del campo de trabajo en los que me dicen
que todavía están buscando, que todavía me están ayudando.
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A veces, cuando miro hacia abajo a las pálidas semillas que se dispersan en el
suelo negro, recuerdo la noche de mi Banquete cuando me imaginé que podía
volar.
La oscuridad de detrás no me preocupa, ni tampoco las estrellas por delante.
Pienso en cómo tal vez la mejor manera de volar sería con las manos llenas de
tierra para que siempre recuerde de dónde vine, y cómo de difícil puede
resultar a veces caminar.
Y miro a mis manos, también, que se mueven con la forma de mis propias
invenciones, de mis propias palabras. Es difícil de hacer, y no soy buena en eso
todavía. Las escribo en el suelo donde las plantas y, a continuación las borro,
cavando agujeros en ellas, plantando semillas para ver si crecen. Robo un
pedazo de madera negra quemada de uno de los incineradores y escribo en una
servilleta. Más tarde, en otro incinerador; mi mano tira sobre las llamas la
servilleta, y las palabras mueren. Ceniza y nada.
Mis palabras no duran mucho. Tengo que destruirlas antes de que nadie las
vea.
Pero, las recuerdo todas. Por alguna razón, el acto de escribirlas me hace
recordarlas. Cada palabra que escribo me lleva más cerca de encontrar las
adecuadas. Y cuando vea a Ky otra vez, lo cual sé que va a pasar, voy a
susurrarle las palabras que he escrito en su oreja, en contra de sus labios. Y
nosotros cambiaremos eso de cenizas y nada, a carne y sangre.
**Fin**

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