23-24
23
Traducido por: flochi
Corregido por: Xhessii
a siguiente mañana me despierto ante un chillido tan alto y agudo que
salgo disparada de la cama, rasgando las placas de sueño de mi piel.
—¡Bram! —grito.
No está en mi cuarto.
Bajo corriendo el corredor al cuarto de mis padres. Mi madre llegó a casa de su
viaje anoche; ambos deberían estar ahí. Pero su cuarto está vacío, también, y
puedo decir que lo dejaron apresurados: veo sábanas retorcidas y una manta en
el suelo. Me retiro. Ha pasado tanto tiempo desde que he visto su cama
deshecha e, incluso en el miedo del momento, la intimidad de la cama revuelta
atrapa mi vista.
—¿Cassia? —la voz de mi madre.
—¿Dónde estás? —llamo con miedo, dando vueltas.
Se apresura por el pasillo hacia mí, todavía usando sus ropas de dormir. Su
cabello largo y rubio ondea detrás de ella, y parece casi sobrenatural hasta que
me empuja en sus brazos que la siento real y sólida. —¿Qué pasó? —me
pregunta—. ¿Estás bien?
—Los‖ gritos<‖ —digo, buscando alrededor de ella el origen. Justo entonces
escucho otro sonido añadido a los gritos: el sonido del metal sobre la madera.
—No son gritos —dice mi madre, su voz es triste—. Estás escuchando las
sierras. Están cortando los árboles de arce.
Me apresuro a las escaleras del frente donde Bram y mi padre también
permanecen. Otras familias esperan afuera, también, muchas de ellas todavía
usando sus ropas de cama como nosotros. Esto es otra intimidad tan
conmocionante e inusual que estoy sorprendida. No puedo pensar en otro
momento cuando he visto a alguno de mis vecinos vestido de esta manera.
L
MATCHED ALLY CONDIE
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FORO PURPLE ROSE
O tal vez pueda. La vez cuando Patrick Markham salió y subió y bajó la calle en
sus ropas de dormir después que su hijo muriera, y el padre de Xander lo
encontró y lo llevó a casa.
La sierra muerde en el tronco de nuestro árbol de arce, hace un corte tan rápido
y limpio que lo primero que pienso es que nada pasó excepto el grito. El árbol
parece estar bien por un breve momento, pero está muerto tal como quedó.
Luego cae.
—¿Por qué? —le pregunto a mi madre.
Cuando no responde inmediatamente, mi padre pone su brazo alrededor de
ella y me dice: —Los árboles de arce se han convertido en un problema. Las
hojas se desordenan demasiado en el otoño. No está creciendo uniformemente.
Por ejemplo, el nuestro creció demasiado grande. El de Em está demasiado
pequeño. Y algunos de ellos tienen enfermedades, por lo que tienen que ser
talados.
Miro nuestro árbol, sus ramas todavía estirándose hacia el sol, todavía
trabajando para convertir la luz en comida. Todavía no saben que están
muertos. Nuestro patio se ve como un lugar diferente sin el árbol
permaneciendo alto frente a nuestra casa. Las cosas parecen más pequeñas.
Miro la casa de Em. Su patio, por otro lado, no parece muy diferente ahora que
su triste árbol se ha ido, el que nunca creció bastante. Nunca fue más que el
tallo largo de un árbol con un estallido de hojas en la cima.
—No es tan malo para Em —digo—. Su árbol no es mucha pérdida.
—Es triste para todos nosotros —dice mi madre violentamente.
Anoche cuando no pude dormir, me agaché cerca de la pared para escuchar la
charla de ella con papá. Hablaron tan suavemente que no pude entender
ninguna palabra, pero ella sonó cansada y triste. Finalmente me rendí y subí
nuevamente a la cama. Ahora parece enojada, permaneciendo frente a la casa
con los brazos doblados sobre su pecho.
Los trabajadores con las sierras ya se han movido a otra casa ahora que nuestro
árbol está caído. Esa parte fue fácil. Hacer pedazos las ramas será la parte
difícil.
Mi padre sostiene a mamá cerca. A él no les gustan los árboles de la manera que
a ella; pero le gustan otras cosas fueron destruidas y por eso él entiende. Mi
madre ama las plantas; mi padre ama la historia de las cosas. Se aman el uno al
otro.
Y yo los amo.
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FORO PURPLE ROSE
No sólo me lastimaré a mí misma, a Ky y Xander si cometo una infracción. Es a
todas las otras personas que quiero.
—Es una advertencia —dice mi madre, casi para sí misma.
—¡No hice nada! —exclama Bram—. ¡Ni siquiera he llegado tarde a la escuela
en semanas!
—La advertencia no es por ti —dice mamá—. Es por alguien más.
Mi padre pone sus manos sobre los hombros de mamá y es como si estuvieran
solos, la manera en que él la mira. —Moly,‖lo‖prometo.‖Yo‖no<
Y al mismo tiempo, abro mi boca para decir algo (no sé qué) algo con respecto a
lo que he hecho cómo esto es mi culpa. Pero antes de que pueda mi padre
terminar y yo pueda comenzar, mi madre habla.
—Es una advertencia para mí.
Se da la vuelta y regresa a la casa, pasando una mano por sus ojos. Mientras la
veo ir, la culpa corta rápidamente a través de mí como los cortes en el árbol.
No creo que la advertencia sea para mi madre.
* * *
Si los Oficiales realmente pueden ver mis sueños, deberían estar contentos con
lo que soñé anoche. Quemé la última de las historias de Ky en el incinerador,
pero después seguí pensando en lo que mostraba, lo que me había dicho: El sol
era rojo y estaba bajo en el cielo cuando los Oficiales llegaron por él.
Y entonces, cuando soñaba, vi escena tras escena de Ky rodeado por los
Oficiales en sus uniformes blancos con un cielo rojo detrás de él, una vislumbre
del sol esperando en el horizonte. Si estaba saliendo u ocultándose, no podría
decirlo; no tenía sentido de la dirección en el sueño. En cada sueño, él no
mostraba miedo alguno. Sus manos no temblaban; su expresión permanecía en
calma. Pero sabía que tenía miedo, y cuando la luz roja del sol golpeó su rostro
parecía sangre.
No quería ver esta escena interpretada en la vida real. Pero tenía que saber más.
¿Cómo había escapado la última vez? ¿Qué pasó?
Los dos deseos luchaban en mi interior: el deseo de estar a salvo, y el deseo de
saber. No puedo decir cuál ganará.
MATCHED ALLY CONDIE
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FORO PURPLE ROSE
* * *
Mi madre apenas habla mientras vamos en el Tren al Arboretum juntos. Parece
mirarme, sonríe de vez en cuando, pero puedo asegurar que está sumida en sus
pensamientos. Cuando le hago preguntas sobre el viaje, responde con cuidado,
y finalmente me detengo.
Ky monta el mismo Tren de Aire que nosotros, y él y yo caminamos juntos
hacia la Colina. Trato de actuar amistosa pero reservada (de la manera en que
una vez estuvimos alrededor del otro) a pesar de que quiero tocar su mano otra
vez, mirar en sus ojos y preguntarle sobre la historia. Sobre lo que sucede a
continuación.
Sólo toma unos cuantos segundos en el bosque antes de perder el control y
tengo que preguntarle. Pongo mi mano sobre su brazo mientras seguimos el
camino hacia el lugar donde marcamos la última vez. Cuando lo toco me sonríe,
y calienta mi corazón y hace difícil que aparte mi mano, para soltarlo. No sé si
pueda hacer esto, a pesar de quererlo a salvo más de lo que lo quiero a él.
—Ky. Un Oficial me contactó ayer. Ella sabe de nosotros. Ellos saben sobre
nosotros.
Ky asiente. —Por supuesto que saben.
—¿Hablaron contigo también?
—Lo hicieron.
Para alguien que ha pasado toda su vida evitando la atención de los Oficiales,
parece remarcadamente sereno con respecto a esto. Sus ojos son profundos
como siempre pero hay una calma que no había visto ahí antes.
—¿No estás preocupado?
Ky no responde. En vez de eso, alarga su mano hasta el bolsillo de su camisa y
saca un papel. Me lo tiende. Es diferente del papel marrón de servilletas y
envolturas‖que‖ha‖estado‖usando<‖m{s‖blanco,‖m{s‖suave.‖La‖escritura‖sobre‖él‖
no es la suya. Es de alguna clase de puerto o escriba, pero algo al respecto
parece extraño.
—¿Qué es? —pregunto.
—Un presente tardío de cumpleaños para ti. Un poema.
Mi mandíbula se cae (¿un poema? ¿Cómo?), y Ky se apresura a tranquilizarme.
—No te preocupes. Destruiremos el papel pronto para no meternos en
problemas. No te tomará mucho memorizarlo. —Su rostro está encendido de
MATCHED ALLY CONDIE
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FORO PURPLE ROSE
felicidad y de repente me doy cuenta que Ky se parece ligeramente a Xander,
con su rostro abierto y alegre así. Me recuerda los rostros cambiantes en la
pantalla del puerto el día posterior a conseguir mi Pareja, cuando vi a Xander, y
luego a Ky. Pero ahora, sólo veo a Ky. Solamente a Ky y a nadie más.
Un poema. —¿Tú lo escribiste?
—No —dice—, pero es del mismo hombre que escribió el otro poema. No te
adentres fácilmente.
—¿Cómo? —le pregunto. No hay otros poemas de Dylan Thomas en el puerto
de la escuela.
Ky sacude la cabeza, evitando mi respuesta. —No es la gran cosa. Sólo pude
permitirme parte de una estrofa —Antes que pueda preguntarle que le doy a
cambio por el poema, se aclara la garganta un poco nervioso y baja la vista a sus
manos—. Me gusta debido a que menciona un cumpleaños y también porque
me recuerda a ti. Lo que sentí cuando te vi esa primera vez, en el agua de la
piscina —parece confundido y veo un rastro de tristeza en su cara—. ¿No te
gustó?
Sostengo el papel blanco, pero mis ojos están tan borrosos con las lágrimas que
no puedo leerlo. —Ten —digo, empujando el poema de regreso a él—. ¿Me lo
leerás? —Me doy la vuelta y empiezo a caminar entre los árboles, casi
tambaleándome, tan cegada estoy por la belleza de su sorpresa y tan abrumada
por la posibilidad y la imposibilidad.
Detrás de mí, escucho la voz de Ky. Me detengo y escucho.
Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días.
Empiezo a caminar nuevamente, sin preocuparme por las piedritas o la ropa o
cualquier cosa que pudiera ralentizarme. Soy descuidada y molesto a un grupo
de aves, las que se alzan volando y se alejan de nosotros adentrándose en el
cielo. Blanco sobre azul, como los colores del Ayuntamiento. Como los colores
de los ángeles.
—Están volando tu nombre —dice Ky detrás de mí.
Me doy la vuelta y lo veo parado en el bosque, el poema blanco en su mano.
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FORO PURPLE ROSE
Los gritos de las aves vuelan en el aire con ellas. En el silencio que sigue no sé
quién se mueve primero, Ky o yo, pero de pronto ahí estamos, parados tan
cerca pero sin tocarnos, inhalando pero sin besarnos.
Ky se inclina hacia mí, sus ojos sosteniendo los míos, lo bastante cerca para que
pueda escuchar el crujido leve del poema mientras se mueve.
Cierro mis ojos cuando sus labios tocan cálidamente mi mejilla. Pienso en las
semillas de álamo rozándose contra mí ese día en el tren de aire. Suave, ligero,
lleno de promesas.
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FORO PURPLE ROSE
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Traducido por: Sera
Corregido por: Xhessii
y me da tres regalos por mi cumpleaños. Un poema, un beso y la
desesperada y hermosa creencia de que las cosas puedan funcionar.
Cuando abro los ojos, mientras alzo mi mano hacia el lugar de mi mejilla
que sus labios tocaron, digo: —No te di nada para tu cumpleaños, ni siquiera sé
cuándo es.
Y él dice: —No te preocupes por eso.
Y digo: —¿Qué puedo hacer?
Y él contesta: —Déjame creer en esto, todo esto, y tú créelo también.
Y lo hago.
* * *
Durante todo un día dejo que su beso me queme en la mejilla y en mi sangre, y
no aparto la memoria. He besado y he sido besada antes. Esto es diferente. Esto,
más que mi cumpleaños verdadero el día del Banquete de Parejas, se siente
como un día para marcar en el tiempo. Éste beso, ésas palabras, se sienten como
el principio.
Me dejo imaginarme futuros que nunca podrán ser, nosotros dos juntos. Incluso
cuando clasifico más tarde ese día, mantengo mi mente en la tarea en cuestión
fingiendo que cada número que la clasificación es un código, un mensaje para
Ky de que mantendré nuestro secreto. Nos mantendré seguros; no revelaré nada.
Cada clasificación que realizo correctamente mantiene la atención lejos de
nosotros.
Ya que no es mi turno para las tareas de dormir, ésa noche, dejo a mis sueños
llevarme donde quieran. Para mi sorpresa, no sueño con Ky en la Colina. Sueño
con él sentándose en las escaleras delante de mi casa, viendo el viento arrastras
las hojas del arce. Sueño con él llevándome a un comedor privado y retirando
K
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FORO PURPLE ROSE
mi silla, inclinándose tan cerca de mí que incluso las velas fingidas se agitan con
su presencia. Sueño con nosotros dos desenterrando las nuevas rosas en su
jardín y con Ky enseñándome cómo usar el artefacto. Todo con lo que sueño es
algo simple, sencillo y cotidiano.
Así es como sé que son sueños. Porque las cosas simples, sencillas y cotidianas
son las que nunca podremos tener.
* * *
—¿Cómo? —le pregunto el día siguiente en la Colina, una vez estamos lo
suficientemente profundos en el bosque para que nadie pueda oírnos—. ¿Cómo
podemos creer que esto pueda funcionar? ¡El Oficial amenazó con mandarte de
vuelta a las Provincias Exteriores!
Ky no responde durante un momento, y me siento como si hubiera gritado
cuando en realidad mantuve mi voz tan baja como era posible. Luego pasamos
por el montón de piedras de nuestra última caminata y me mira directamente a
mí y juro que siento ese beso otra vez. Pero esta vez, lo siento en mis labios en
cambio.
—¿Has oído alguna vez sobre el dilema del prisionero? —me pregunta Ky.
—Por supuesto —¿Me está tomando el pelo?—. Es el juego al que jugaste contra
Xander. Todos lo hemos jugado antes.
—No, no el juego. La Sociedad cambió el juego. Me refiero a la teoría detrás del
juego.
No sé de lo que está hablando. —Supongo que no.
—Si dos personas cometen un crimen juntas, son pillados, y luego separados e
interrogados, ¿qué pasa?
Todavía estoy perdida. —No lo sé. ¿Qué?
—Ése es su dilema. ¿Se chivan uno del otro con la esperanza de que los
Oficiales‖ pacten‖ f{cilmente‖ con‖ ellos<‖ un‖ acuerdo‖ con‖ el‖ fiscal?‖ ¿Se‖ niegan‖ a‖
decir nada que pueda delatar a su compañero? El mejor argumento es que
ninguno diga nada. Entonces ambos podrán estar seguros.
Nos hemos parado cerca de un grupo de árboles caídos. —Seguros —digo.
Ky asiente. —Pero eso nunca pasa.
—¿Por qué no?
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FORO PURPLE ROSE
—Porque un prisionero casi siempre delatará al otro. Dirán lo que saben para
aprovechar la oportunidad.
Creo que sé lo que me está preguntando. Estoy mejorando en leer sus ojos, en
saber sus pensamientos. Quizás viene de saber su historia, de finalmente saber
más de él. Le paso un trapo rojo; ninguno de nosotros intenta nada para no
dejar que nuestros dedos se toquen, uniéndose, aferrándose antes de soltarlos.
Ky continúa. —Pero en el argumento perfecto, ninguno diría nada.
—¿Y crees que podemos hacer eso
—Nunca estaremos seguros —dice Ky, acariciando mi cara con su mano—.
Finalmente lo entiendo. Confío en ti. Nos mantendremos uno al otro tan
seguros como podamos por el tiempo que podamos.
Lo que significa que nuestros besos tienen que quedarse en promesas, promesas
que quedan como su primer beso, suave en mi mejilla. Nuestros labios no se
unen. No todavía. Para una vez que hagamos eso, la Infracción habrá sido
cometida. La Sociedad será traicionada. Y también lo será Xander. Ambos
sabemos esto. ¿Cuánto tiempo podemos robarles? ¿A nosotros mismos? Porque
puedo ver en sus ojos que quiere besarme tanto como yo quiero.
Hay otras partes de nuestras vidas: muchas horas de trabajo para Ky, clasificar
y la Escuela Secundaria para mí. Pero cuando miro hacia atrás, sé que esos
momentos no serán recordados de la forma que recuerdo cada detalle de estos
días con Ky, caminando por la Colina.
Excepto un recuerdo, de un tenso sábado por la noche en el teatro donde
Xander coge mi mano y Ky actúa como si nada fuera diferente.
Hay un momento terrible al final cuando las luces estallan y veo a la Oficial de
los jardines mirando por alrededor. Cuando se encuentra con mis ojos y ve mi
mano en la de Xander, me mira y me da una pequeña sonrisa y desaparece. Doy
un vistazo a Xander después de que ella se haya ido y un dolor de nostalgia me
atraviesa, un dolor tan profundo y real que todavía puedo sentirlo más tarde,
cuando pienso en esa noche. La nostalgia no es por Xander, es por la forma en
la que solían ser las cosas entre nosotros. Sin secretos, sin complicaciones.
Aun así. Aunque me siento culpable por Xander, aunque me preocupo por él,
estos días nos pertenecen a Ky y a mí. Para aprender más historias y escribir
más cartas.
A veces Ky me pregunta si recuerdo cosas. —¿Recuerdas el primer día de
colegio de Bram? —me pregunta un día mientras nos movemos más rápido a
MATCHED ALLY CONDIE
190
FORO PURPLE ROSE
través del bosque para reponer todo el tiempo que pasamos escribiendo antes
en la caminata.
—Por supuesto —digo, sin aliento de apresurarme y de pensar en su mano
sobre la mía—. Bram quería quedarse en casa. Montó una escena en la parada
del Tren Aéreo. Todo el mundo recuerda eso —Los niños empiezan la Escuela
Primaria en el otoño en que cumplen seis años. Se supone que es un rito
importante de paso, una presecuela para los Banquetes por venir. Al final de su
primer día exitoso, los niños traen un pequeño pastel a casa para comer después
de cenar, junto con un enredo de globos de colores brillantes. No sé por lo que
Bram‖ estaba‖ m{s‖ emocionado<‖ el‖ pastel,‖ el‖ cual‖ tenemos‖ raramente,‖ o‖ los‖
globos, que son únicos en la ocasión del Primer Día. Fue también el día que
recibiría su lector y su pluma, pero a Bram no le importaba ni un poco esa parte.
Cuando llegó la hora de subir al Tren para la Escuela Primaria, Bram no se
subía. —No quiero ir —dijo—. Me quedaré aquí en su lugar.
Era por la mañana y la estación estaba llena de gente yéndose a trabajar y al
colegio. Las cabezas se volvían para mirarnos cuando Bram se negaba a subir al
Tren Aéreo con mis padres. Mi padre parecía preocupado pero mi madre se lo
tomó con calma. —No te preocupes —me susurró—. Los Oficiales a cargo de su
centro de cuidados de preescolar me advirtieron que esto podría pasar.
Predijeron que tendría un pequeño problema con su hito. —Ella se arrodilló a
su lado y le dijo—. Subamos al tren, Bram. Recuerda los globos. Recuerda el
pastel.
—No los quiero. —Y entonces, para la sorpresa de todos, empezó a llorar. Bram
nunca lloraba, ni siquiera cuando era muy pequeño. Toda la confianza se fue de
la cara de mi madre, y puso sus brazos alrededor de él y lo abrazó fuertemente.
Bram es el segundo niño que pensó que nunca tendría. Después de tenerme a
mí rápida y fácilmente, le llevó años quedarse embarazada de él, y nació
semanas antes de su treinta y un cumpleaños, la edad de corte para tener niños.
Todos nos sentimos afortunados de tener a Bram, pero mi madre especialmente.
Sabía que si el llanto duraba mucho más estaríamos en problemas. En ese
entonces, un Oficial asignado a vigilar problemas vivía en cada calle.
Así que dije en alto hacia Bram. —Qué mal por ti. No lector, no pluma. Nunca
sabrás cómo escribir. Nunca sabrás como leer.
—¡Eso no es verdad! —gritó Bram—. Sé leer.
—¿Cómo? —le pregunté.
Él entrecerró los ojos, pero al menos dejó de llorar. —No me importa si no se
leer o escribir.
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FORO PURPLE ROSE
—Eso está bien —dije, y por el rabillo del ojo vi a alguien tocando a la puerta de
la casa del Oficial junto al lado de la parada del Tren Aéreo. No. Bram ya tiene
demasiadas citaciones del centro de cuidados.
El tren silbó hasta una parada y en ese momento sabía lo que tenía que hacer.
Cogí su mochila y se la ofrecí. —Depende de ti —dije, mirándole directamente a
los ojos y sosteniendo su mirada—. Puedes crecer o puedes ser un bebé.
Bram parecía herido. Le pasé la mochila por los brazos y le susurré al oído: —Sé
una forma de tener juegos en la pluma.
—¿En serio?
Asentí.
La cara de Bram se iluminó. Cogió la mochila y pasó por las puertas del Tren
Aéreo sin una mirada hacia atrás. Mis padres y yo subimos tras él, y mi madre
me abrazó fuertemente una vez que estábamos dentro. —Gracias —dijo.
No había juegos en la pluma, por supuesto. Tenía que inventar algo, pero no
soy una clasificadora natural para nada. Le llevó meses descubrir que ninguno
de los otros niños tenían hermanos mayores que escondieran patrones e
imágenes en pantallas llenas de letras y les cronometraran para ver lo rápido
que podían encontrarlos todos.
Eso es por lo que supe antes que nadie más, que Bram nunca sería un
clasificador. Pero todavía inventaba niveles y records del progreso y pasar casi
todo mi tiempo libre durante esos meses apareciendo con juegos que pensaba
que le gustarían. E incluso cuando lo descubrió, no se enfadó. Se había
divertido mucho, y después de todo, no había mentido. Había sabido una forma
de jugar a juegos con la pluma.
—Ese fue el día —dice Ky ahora, y para.
—¿Qué?
—El día que supe de ti.
—¿Por qué? —digo, sintiéndome de alguna forma herida—. ¿Por qué pudiste
ver que seguí las normas? ¿Qué hice a mi hermano seguirlas también?
—No —dice, como si debiera ser obvio—. Porque vi la forma por la que te
preocupabas por tu hermano y porque vi que eras lo suficientemente lista para
ayudarlo —luego me sonríe—. Ya sabía cómo te veías, pero ese día es cuando
supe por primera vez sobre ti.
—Oh —digo.
—¿Qué hay sobre mí? —pregunta.
MATCHED ALLY CONDIE
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FORO PURPLE ROSE
—¿A qué te refieres?
—¿Cuándo me viste por primera vez?
Por alguna razón, no puedo decírselo. No puedo decirle que fue su cara en la
pantalla la mañana tras mi Banquete de Parejas (el error) lo que me hizo
empezar a pensar por primera vez en él de esta forma. No puedo decirle que no
lo vi hasta que me dijeron que tenía que mirar.
—En la cima de la primera Colina —digo en su lugar. Y ojalá no tuviera que
decirle esta mentira, cuando él sabe más de mi verdad que nadie más en el
mundo.
Más tarde esa noche me di cuenta de que Ky, no me dio más de su historia y yo
no pregunté. Quizás porque ahora vivo en su historia. Ahora soy parte de ella,
y él de la mía, y la parte que escribimos a veces juntos se siente como la única
parte que importa.
Pero aun así, la pregunta me persigue: ¿Qué pasó cuando el Oficial se lo llevó y el
sol era rojo y bajo en el cielo?
Traducido por: flochi
Corregido por: Xhessii
a siguiente mañana me despierto ante un chillido tan alto y agudo que
salgo disparada de la cama, rasgando las placas de sueño de mi piel.
—¡Bram! —grito.
No está en mi cuarto.
Bajo corriendo el corredor al cuarto de mis padres. Mi madre llegó a casa de su
viaje anoche; ambos deberían estar ahí. Pero su cuarto está vacío, también, y
puedo decir que lo dejaron apresurados: veo sábanas retorcidas y una manta en
el suelo. Me retiro. Ha pasado tanto tiempo desde que he visto su cama
deshecha e, incluso en el miedo del momento, la intimidad de la cama revuelta
atrapa mi vista.
—¿Cassia? —la voz de mi madre.
—¿Dónde estás? —llamo con miedo, dando vueltas.
Se apresura por el pasillo hacia mí, todavía usando sus ropas de dormir. Su
cabello largo y rubio ondea detrás de ella, y parece casi sobrenatural hasta que
me empuja en sus brazos que la siento real y sólida. —¿Qué pasó? —me
pregunta—. ¿Estás bien?
—Los‖ gritos<‖ —digo, buscando alrededor de ella el origen. Justo entonces
escucho otro sonido añadido a los gritos: el sonido del metal sobre la madera.
—No son gritos —dice mi madre, su voz es triste—. Estás escuchando las
sierras. Están cortando los árboles de arce.
Me apresuro a las escaleras del frente donde Bram y mi padre también
permanecen. Otras familias esperan afuera, también, muchas de ellas todavía
usando sus ropas de cama como nosotros. Esto es otra intimidad tan
conmocionante e inusual que estoy sorprendida. No puedo pensar en otro
momento cuando he visto a alguno de mis vecinos vestido de esta manera.
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O tal vez pueda. La vez cuando Patrick Markham salió y subió y bajó la calle en
sus ropas de dormir después que su hijo muriera, y el padre de Xander lo
encontró y lo llevó a casa.
La sierra muerde en el tronco de nuestro árbol de arce, hace un corte tan rápido
y limpio que lo primero que pienso es que nada pasó excepto el grito. El árbol
parece estar bien por un breve momento, pero está muerto tal como quedó.
Luego cae.
—¿Por qué? —le pregunto a mi madre.
Cuando no responde inmediatamente, mi padre pone su brazo alrededor de
ella y me dice: —Los árboles de arce se han convertido en un problema. Las
hojas se desordenan demasiado en el otoño. No está creciendo uniformemente.
Por ejemplo, el nuestro creció demasiado grande. El de Em está demasiado
pequeño. Y algunos de ellos tienen enfermedades, por lo que tienen que ser
talados.
Miro nuestro árbol, sus ramas todavía estirándose hacia el sol, todavía
trabajando para convertir la luz en comida. Todavía no saben que están
muertos. Nuestro patio se ve como un lugar diferente sin el árbol
permaneciendo alto frente a nuestra casa. Las cosas parecen más pequeñas.
Miro la casa de Em. Su patio, por otro lado, no parece muy diferente ahora que
su triste árbol se ha ido, el que nunca creció bastante. Nunca fue más que el
tallo largo de un árbol con un estallido de hojas en la cima.
—No es tan malo para Em —digo—. Su árbol no es mucha pérdida.
—Es triste para todos nosotros —dice mi madre violentamente.
Anoche cuando no pude dormir, me agaché cerca de la pared para escuchar la
charla de ella con papá. Hablaron tan suavemente que no pude entender
ninguna palabra, pero ella sonó cansada y triste. Finalmente me rendí y subí
nuevamente a la cama. Ahora parece enojada, permaneciendo frente a la casa
con los brazos doblados sobre su pecho.
Los trabajadores con las sierras ya se han movido a otra casa ahora que nuestro
árbol está caído. Esa parte fue fácil. Hacer pedazos las ramas será la parte
difícil.
Mi padre sostiene a mamá cerca. A él no les gustan los árboles de la manera que
a ella; pero le gustan otras cosas fueron destruidas y por eso él entiende. Mi
madre ama las plantas; mi padre ama la historia de las cosas. Se aman el uno al
otro.
Y yo los amo.
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No sólo me lastimaré a mí misma, a Ky y Xander si cometo una infracción. Es a
todas las otras personas que quiero.
—Es una advertencia —dice mi madre, casi para sí misma.
—¡No hice nada! —exclama Bram—. ¡Ni siquiera he llegado tarde a la escuela
en semanas!
—La advertencia no es por ti —dice mamá—. Es por alguien más.
Mi padre pone sus manos sobre los hombros de mamá y es como si estuvieran
solos, la manera en que él la mira. —Moly,‖lo‖prometo.‖Yo‖no<
Y al mismo tiempo, abro mi boca para decir algo (no sé qué) algo con respecto a
lo que he hecho cómo esto es mi culpa. Pero antes de que pueda mi padre
terminar y yo pueda comenzar, mi madre habla.
—Es una advertencia para mí.
Se da la vuelta y regresa a la casa, pasando una mano por sus ojos. Mientras la
veo ir, la culpa corta rápidamente a través de mí como los cortes en el árbol.
No creo que la advertencia sea para mi madre.
* * *
Si los Oficiales realmente pueden ver mis sueños, deberían estar contentos con
lo que soñé anoche. Quemé la última de las historias de Ky en el incinerador,
pero después seguí pensando en lo que mostraba, lo que me había dicho: El sol
era rojo y estaba bajo en el cielo cuando los Oficiales llegaron por él.
Y entonces, cuando soñaba, vi escena tras escena de Ky rodeado por los
Oficiales en sus uniformes blancos con un cielo rojo detrás de él, una vislumbre
del sol esperando en el horizonte. Si estaba saliendo u ocultándose, no podría
decirlo; no tenía sentido de la dirección en el sueño. En cada sueño, él no
mostraba miedo alguno. Sus manos no temblaban; su expresión permanecía en
calma. Pero sabía que tenía miedo, y cuando la luz roja del sol golpeó su rostro
parecía sangre.
No quería ver esta escena interpretada en la vida real. Pero tenía que saber más.
¿Cómo había escapado la última vez? ¿Qué pasó?
Los dos deseos luchaban en mi interior: el deseo de estar a salvo, y el deseo de
saber. No puedo decir cuál ganará.
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Mi madre apenas habla mientras vamos en el Tren al Arboretum juntos. Parece
mirarme, sonríe de vez en cuando, pero puedo asegurar que está sumida en sus
pensamientos. Cuando le hago preguntas sobre el viaje, responde con cuidado,
y finalmente me detengo.
Ky monta el mismo Tren de Aire que nosotros, y él y yo caminamos juntos
hacia la Colina. Trato de actuar amistosa pero reservada (de la manera en que
una vez estuvimos alrededor del otro) a pesar de que quiero tocar su mano otra
vez, mirar en sus ojos y preguntarle sobre la historia. Sobre lo que sucede a
continuación.
Sólo toma unos cuantos segundos en el bosque antes de perder el control y
tengo que preguntarle. Pongo mi mano sobre su brazo mientras seguimos el
camino hacia el lugar donde marcamos la última vez. Cuando lo toco me sonríe,
y calienta mi corazón y hace difícil que aparte mi mano, para soltarlo. No sé si
pueda hacer esto, a pesar de quererlo a salvo más de lo que lo quiero a él.
—Ky. Un Oficial me contactó ayer. Ella sabe de nosotros. Ellos saben sobre
nosotros.
Ky asiente. —Por supuesto que saben.
—¿Hablaron contigo también?
—Lo hicieron.
Para alguien que ha pasado toda su vida evitando la atención de los Oficiales,
parece remarcadamente sereno con respecto a esto. Sus ojos son profundos
como siempre pero hay una calma que no había visto ahí antes.
—¿No estás preocupado?
Ky no responde. En vez de eso, alarga su mano hasta el bolsillo de su camisa y
saca un papel. Me lo tiende. Es diferente del papel marrón de servilletas y
envolturas‖que‖ha‖estado‖usando<‖m{s‖blanco,‖m{s‖suave.‖La‖escritura‖sobre‖él‖
no es la suya. Es de alguna clase de puerto o escriba, pero algo al respecto
parece extraño.
—¿Qué es? —pregunto.
—Un presente tardío de cumpleaños para ti. Un poema.
Mi mandíbula se cae (¿un poema? ¿Cómo?), y Ky se apresura a tranquilizarme.
—No te preocupes. Destruiremos el papel pronto para no meternos en
problemas. No te tomará mucho memorizarlo. —Su rostro está encendido de
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felicidad y de repente me doy cuenta que Ky se parece ligeramente a Xander,
con su rostro abierto y alegre así. Me recuerda los rostros cambiantes en la
pantalla del puerto el día posterior a conseguir mi Pareja, cuando vi a Xander, y
luego a Ky. Pero ahora, sólo veo a Ky. Solamente a Ky y a nadie más.
Un poema. —¿Tú lo escribiste?
—No —dice—, pero es del mismo hombre que escribió el otro poema. No te
adentres fácilmente.
—¿Cómo? —le pregunto. No hay otros poemas de Dylan Thomas en el puerto
de la escuela.
Ky sacude la cabeza, evitando mi respuesta. —No es la gran cosa. Sólo pude
permitirme parte de una estrofa —Antes que pueda preguntarle que le doy a
cambio por el poema, se aclara la garganta un poco nervioso y baja la vista a sus
manos—. Me gusta debido a que menciona un cumpleaños y también porque
me recuerda a ti. Lo que sentí cuando te vi esa primera vez, en el agua de la
piscina —parece confundido y veo un rastro de tristeza en su cara—. ¿No te
gustó?
Sostengo el papel blanco, pero mis ojos están tan borrosos con las lágrimas que
no puedo leerlo. —Ten —digo, empujando el poema de regreso a él—. ¿Me lo
leerás? —Me doy la vuelta y empiezo a caminar entre los árboles, casi
tambaleándome, tan cegada estoy por la belleza de su sorpresa y tan abrumada
por la posibilidad y la imposibilidad.
Detrás de mí, escucho la voz de Ky. Me detengo y escucho.
Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días.
Empiezo a caminar nuevamente, sin preocuparme por las piedritas o la ropa o
cualquier cosa que pudiera ralentizarme. Soy descuidada y molesto a un grupo
de aves, las que se alzan volando y se alejan de nosotros adentrándose en el
cielo. Blanco sobre azul, como los colores del Ayuntamiento. Como los colores
de los ángeles.
—Están volando tu nombre —dice Ky detrás de mí.
Me doy la vuelta y lo veo parado en el bosque, el poema blanco en su mano.
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Los gritos de las aves vuelan en el aire con ellas. En el silencio que sigue no sé
quién se mueve primero, Ky o yo, pero de pronto ahí estamos, parados tan
cerca pero sin tocarnos, inhalando pero sin besarnos.
Ky se inclina hacia mí, sus ojos sosteniendo los míos, lo bastante cerca para que
pueda escuchar el crujido leve del poema mientras se mueve.
Cierro mis ojos cuando sus labios tocan cálidamente mi mejilla. Pienso en las
semillas de álamo rozándose contra mí ese día en el tren de aire. Suave, ligero,
lleno de promesas.
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Traducido por: Sera
Corregido por: Xhessii
y me da tres regalos por mi cumpleaños. Un poema, un beso y la
desesperada y hermosa creencia de que las cosas puedan funcionar.
Cuando abro los ojos, mientras alzo mi mano hacia el lugar de mi mejilla
que sus labios tocaron, digo: —No te di nada para tu cumpleaños, ni siquiera sé
cuándo es.
Y él dice: —No te preocupes por eso.
Y digo: —¿Qué puedo hacer?
Y él contesta: —Déjame creer en esto, todo esto, y tú créelo también.
Y lo hago.
* * *
Durante todo un día dejo que su beso me queme en la mejilla y en mi sangre, y
no aparto la memoria. He besado y he sido besada antes. Esto es diferente. Esto,
más que mi cumpleaños verdadero el día del Banquete de Parejas, se siente
como un día para marcar en el tiempo. Éste beso, ésas palabras, se sienten como
el principio.
Me dejo imaginarme futuros que nunca podrán ser, nosotros dos juntos. Incluso
cuando clasifico más tarde ese día, mantengo mi mente en la tarea en cuestión
fingiendo que cada número que la clasificación es un código, un mensaje para
Ky de que mantendré nuestro secreto. Nos mantendré seguros; no revelaré nada.
Cada clasificación que realizo correctamente mantiene la atención lejos de
nosotros.
Ya que no es mi turno para las tareas de dormir, ésa noche, dejo a mis sueños
llevarme donde quieran. Para mi sorpresa, no sueño con Ky en la Colina. Sueño
con él sentándose en las escaleras delante de mi casa, viendo el viento arrastras
las hojas del arce. Sueño con él llevándome a un comedor privado y retirando
K
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mi silla, inclinándose tan cerca de mí que incluso las velas fingidas se agitan con
su presencia. Sueño con nosotros dos desenterrando las nuevas rosas en su
jardín y con Ky enseñándome cómo usar el artefacto. Todo con lo que sueño es
algo simple, sencillo y cotidiano.
Así es como sé que son sueños. Porque las cosas simples, sencillas y cotidianas
son las que nunca podremos tener.
* * *
—¿Cómo? —le pregunto el día siguiente en la Colina, una vez estamos lo
suficientemente profundos en el bosque para que nadie pueda oírnos—. ¿Cómo
podemos creer que esto pueda funcionar? ¡El Oficial amenazó con mandarte de
vuelta a las Provincias Exteriores!
Ky no responde durante un momento, y me siento como si hubiera gritado
cuando en realidad mantuve mi voz tan baja como era posible. Luego pasamos
por el montón de piedras de nuestra última caminata y me mira directamente a
mí y juro que siento ese beso otra vez. Pero esta vez, lo siento en mis labios en
cambio.
—¿Has oído alguna vez sobre el dilema del prisionero? —me pregunta Ky.
—Por supuesto —¿Me está tomando el pelo?—. Es el juego al que jugaste contra
Xander. Todos lo hemos jugado antes.
—No, no el juego. La Sociedad cambió el juego. Me refiero a la teoría detrás del
juego.
No sé de lo que está hablando. —Supongo que no.
—Si dos personas cometen un crimen juntas, son pillados, y luego separados e
interrogados, ¿qué pasa?
Todavía estoy perdida. —No lo sé. ¿Qué?
—Ése es su dilema. ¿Se chivan uno del otro con la esperanza de que los
Oficiales‖ pacten‖ f{cilmente‖ con‖ ellos<‖ un‖ acuerdo‖ con‖ el‖ fiscal?‖ ¿Se‖ niegan‖ a‖
decir nada que pueda delatar a su compañero? El mejor argumento es que
ninguno diga nada. Entonces ambos podrán estar seguros.
Nos hemos parado cerca de un grupo de árboles caídos. —Seguros —digo.
Ky asiente. —Pero eso nunca pasa.
—¿Por qué no?
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—Porque un prisionero casi siempre delatará al otro. Dirán lo que saben para
aprovechar la oportunidad.
Creo que sé lo que me está preguntando. Estoy mejorando en leer sus ojos, en
saber sus pensamientos. Quizás viene de saber su historia, de finalmente saber
más de él. Le paso un trapo rojo; ninguno de nosotros intenta nada para no
dejar que nuestros dedos se toquen, uniéndose, aferrándose antes de soltarlos.
Ky continúa. —Pero en el argumento perfecto, ninguno diría nada.
—¿Y crees que podemos hacer eso
—Nunca estaremos seguros —dice Ky, acariciando mi cara con su mano—.
Finalmente lo entiendo. Confío en ti. Nos mantendremos uno al otro tan
seguros como podamos por el tiempo que podamos.
Lo que significa que nuestros besos tienen que quedarse en promesas, promesas
que quedan como su primer beso, suave en mi mejilla. Nuestros labios no se
unen. No todavía. Para una vez que hagamos eso, la Infracción habrá sido
cometida. La Sociedad será traicionada. Y también lo será Xander. Ambos
sabemos esto. ¿Cuánto tiempo podemos robarles? ¿A nosotros mismos? Porque
puedo ver en sus ojos que quiere besarme tanto como yo quiero.
Hay otras partes de nuestras vidas: muchas horas de trabajo para Ky, clasificar
y la Escuela Secundaria para mí. Pero cuando miro hacia atrás, sé que esos
momentos no serán recordados de la forma que recuerdo cada detalle de estos
días con Ky, caminando por la Colina.
Excepto un recuerdo, de un tenso sábado por la noche en el teatro donde
Xander coge mi mano y Ky actúa como si nada fuera diferente.
Hay un momento terrible al final cuando las luces estallan y veo a la Oficial de
los jardines mirando por alrededor. Cuando se encuentra con mis ojos y ve mi
mano en la de Xander, me mira y me da una pequeña sonrisa y desaparece. Doy
un vistazo a Xander después de que ella se haya ido y un dolor de nostalgia me
atraviesa, un dolor tan profundo y real que todavía puedo sentirlo más tarde,
cuando pienso en esa noche. La nostalgia no es por Xander, es por la forma en
la que solían ser las cosas entre nosotros. Sin secretos, sin complicaciones.
Aun así. Aunque me siento culpable por Xander, aunque me preocupo por él,
estos días nos pertenecen a Ky y a mí. Para aprender más historias y escribir
más cartas.
A veces Ky me pregunta si recuerdo cosas. —¿Recuerdas el primer día de
colegio de Bram? —me pregunta un día mientras nos movemos más rápido a
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través del bosque para reponer todo el tiempo que pasamos escribiendo antes
en la caminata.
—Por supuesto —digo, sin aliento de apresurarme y de pensar en su mano
sobre la mía—. Bram quería quedarse en casa. Montó una escena en la parada
del Tren Aéreo. Todo el mundo recuerda eso —Los niños empiezan la Escuela
Primaria en el otoño en que cumplen seis años. Se supone que es un rito
importante de paso, una presecuela para los Banquetes por venir. Al final de su
primer día exitoso, los niños traen un pequeño pastel a casa para comer después
de cenar, junto con un enredo de globos de colores brillantes. No sé por lo que
Bram‖ estaba‖ m{s‖ emocionado<‖ el‖ pastel,‖ el‖ cual‖ tenemos‖ raramente,‖ o‖ los‖
globos, que son únicos en la ocasión del Primer Día. Fue también el día que
recibiría su lector y su pluma, pero a Bram no le importaba ni un poco esa parte.
Cuando llegó la hora de subir al Tren para la Escuela Primaria, Bram no se
subía. —No quiero ir —dijo—. Me quedaré aquí en su lugar.
Era por la mañana y la estación estaba llena de gente yéndose a trabajar y al
colegio. Las cabezas se volvían para mirarnos cuando Bram se negaba a subir al
Tren Aéreo con mis padres. Mi padre parecía preocupado pero mi madre se lo
tomó con calma. —No te preocupes —me susurró—. Los Oficiales a cargo de su
centro de cuidados de preescolar me advirtieron que esto podría pasar.
Predijeron que tendría un pequeño problema con su hito. —Ella se arrodilló a
su lado y le dijo—. Subamos al tren, Bram. Recuerda los globos. Recuerda el
pastel.
—No los quiero. —Y entonces, para la sorpresa de todos, empezó a llorar. Bram
nunca lloraba, ni siquiera cuando era muy pequeño. Toda la confianza se fue de
la cara de mi madre, y puso sus brazos alrededor de él y lo abrazó fuertemente.
Bram es el segundo niño que pensó que nunca tendría. Después de tenerme a
mí rápida y fácilmente, le llevó años quedarse embarazada de él, y nació
semanas antes de su treinta y un cumpleaños, la edad de corte para tener niños.
Todos nos sentimos afortunados de tener a Bram, pero mi madre especialmente.
Sabía que si el llanto duraba mucho más estaríamos en problemas. En ese
entonces, un Oficial asignado a vigilar problemas vivía en cada calle.
Así que dije en alto hacia Bram. —Qué mal por ti. No lector, no pluma. Nunca
sabrás cómo escribir. Nunca sabrás como leer.
—¡Eso no es verdad! —gritó Bram—. Sé leer.
—¿Cómo? —le pregunté.
Él entrecerró los ojos, pero al menos dejó de llorar. —No me importa si no se
leer o escribir.
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—Eso está bien —dije, y por el rabillo del ojo vi a alguien tocando a la puerta de
la casa del Oficial junto al lado de la parada del Tren Aéreo. No. Bram ya tiene
demasiadas citaciones del centro de cuidados.
El tren silbó hasta una parada y en ese momento sabía lo que tenía que hacer.
Cogí su mochila y se la ofrecí. —Depende de ti —dije, mirándole directamente a
los ojos y sosteniendo su mirada—. Puedes crecer o puedes ser un bebé.
Bram parecía herido. Le pasé la mochila por los brazos y le susurré al oído: —Sé
una forma de tener juegos en la pluma.
—¿En serio?
Asentí.
La cara de Bram se iluminó. Cogió la mochila y pasó por las puertas del Tren
Aéreo sin una mirada hacia atrás. Mis padres y yo subimos tras él, y mi madre
me abrazó fuertemente una vez que estábamos dentro. —Gracias —dijo.
No había juegos en la pluma, por supuesto. Tenía que inventar algo, pero no
soy una clasificadora natural para nada. Le llevó meses descubrir que ninguno
de los otros niños tenían hermanos mayores que escondieran patrones e
imágenes en pantallas llenas de letras y les cronometraran para ver lo rápido
que podían encontrarlos todos.
Eso es por lo que supe antes que nadie más, que Bram nunca sería un
clasificador. Pero todavía inventaba niveles y records del progreso y pasar casi
todo mi tiempo libre durante esos meses apareciendo con juegos que pensaba
que le gustarían. E incluso cuando lo descubrió, no se enfadó. Se había
divertido mucho, y después de todo, no había mentido. Había sabido una forma
de jugar a juegos con la pluma.
—Ese fue el día —dice Ky ahora, y para.
—¿Qué?
—El día que supe de ti.
—¿Por qué? —digo, sintiéndome de alguna forma herida—. ¿Por qué pudiste
ver que seguí las normas? ¿Qué hice a mi hermano seguirlas también?
—No —dice, como si debiera ser obvio—. Porque vi la forma por la que te
preocupabas por tu hermano y porque vi que eras lo suficientemente lista para
ayudarlo —luego me sonríe—. Ya sabía cómo te veías, pero ese día es cuando
supe por primera vez sobre ti.
—Oh —digo.
—¿Qué hay sobre mí? —pregunta.
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—¿A qué te refieres?
—¿Cuándo me viste por primera vez?
Por alguna razón, no puedo decírselo. No puedo decirle que fue su cara en la
pantalla la mañana tras mi Banquete de Parejas (el error) lo que me hizo
empezar a pensar por primera vez en él de esta forma. No puedo decirle que no
lo vi hasta que me dijeron que tenía que mirar.
—En la cima de la primera Colina —digo en su lugar. Y ojalá no tuviera que
decirle esta mentira, cuando él sabe más de mi verdad que nadie más en el
mundo.
Más tarde esa noche me di cuenta de que Ky, no me dio más de su historia y yo
no pregunté. Quizás porque ahora vivo en su historia. Ahora soy parte de ella,
y él de la mía, y la parte que escribimos a veces juntos se siente como la única
parte que importa.
Pero aun así, la pregunta me persigue: ¿Qué pasó cuando el Oficial se lo llevó y el
sol era rojo y bajo en el cielo?
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